Las intolerancias alimentarias hereditarias son frecuentes y pueden afectar seriamente la calidad de vida. Este test genético estudia variantes específicas en los genes responsables de la digestión de la lactosa y la fructosa:
Intolerancia a la lactosa: se produce por una menor actividad de la enzima lactasa, necesaria para descomponer la lactosa, el azúcar de la leche. Su déficit provoca síntomas como hinchazón, diarrea, dolor abdominal o gases tras consumir lácteos.
Intolerancia a la fructosa hereditaria: es un trastorno poco común pero grave, debido a mutaciones en el gen aldolasa B, que impiden metabolizar la fructosa correctamente. Puede ocasionar dolor abdominal intenso, vómitos, hipoglucemia y, si no se trata, problemas en hígado y riñones.
A diferencia de las intolerancias adquiridas, estas formas genéticas acompañan al individuo toda la vida. Detectarlas de forma precoz permite ajustar la dieta y prevenir complicaciones mayores